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Clinica Veterianaria GAIA S.L.P

Camino Tomillaron nº 5 28231 Las Rozas (Madrid)

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La leishmaniosis canina es una infección causada por el parásito protozoo Leishmania infantum muy extendida en la subregión mediterránea. El parásito se transmite a través de los flebotomos, insectos chupadores de sangre estrechamente relacionados con los mosquitos.

Cuando un flebotomo hembra pica a un hospedador vertebrado (perro, hombre) con leishmaniosis, se ingurgita la sangre junto a los llamados amastigotes (forma de la leishmania dentro del hospedador). Estos amastigotes se transforman en promastigotes en el tubo digestivo del flebotomo, que cuando vuelve a picar a  otro hospedador, los deposita dentro de la piel, invaden los macrófagos (células de la defensa del hospedador), se transforman en amastigotes nuevamente y empezan a dividirse y a colonizar otras células y órganos. La infección posterior dependerá de la respuesta inmunitaria del vertebrado.

 

La sintomatología es producida principalmente por dos mecanismos:

  • Inflamación granulomatosa en la zona de multiplicación de los parásitos. Puede ocurrir en la piel, hígado, ojos, intestino, riñón, huesos y mucosas.
  • Depósito de inmunocomplejos (debido a la respuesta inmunitaria). Suelen ser lesiones renales, oculares y vasculares.

La leishmaniosis es un severo problema de salud pública, por eso es tan importante la prevención así como la detección y tratamiento tempranos. Aunque los perros son reconocidos como el reservorio más importante de leishmaniosis humana, también se ha descrito esporádicamente en gatos.

Para prevenir, son eficaces tanto los collares impregnados en deltamtrina (Scalibor), como los insecticidas spot on que contienen permetrinas (Advantix, Exspott), que protegen a los perros contra los flebotomos en las temporadas de mayor calor, cuando las temperaturas nocturnas no bajen de los 16-17ºC.  Su acción es repelente. También ayuda no pasear a los perros durante el amanecer y el atardecer en esta época del año, y que no duerman en el exterior.

Hace dos años se comercializó en España por primera vez una vacuna contra la enfermedad, llamada Canileish, que también se puede utilizar como preventivo en casos de riesgo.

La detección también debe de ser precoz, puesto que así el tratamiento es mucho más eficaz, y las lesiones menores. Puede haber animales asintomáticos, por lo que la ausencia de los mismos no siempre tiene porqué ir acompañada de la ausencia de la enfermedad. Hay varias técnicas para el diagnóstico, como la microscopía y cultivo, serología, PCR. En general, el PCR detecta mejor etapas tempranas de infecciones establecidas, y las pruebas serológicas detectan mejor estados avanzados de infección, tanto en perros asintomáticos como en los que presentan síntomas evidentes.

Cuando existe sospecha de la enfermedad, estas pruebas deben de realizarse para descartar su existencia o no, en cualquier época del año. Si es un test de control, simplemente para saber si han tomado contacto con la enfermedad, la mejor época del año es pasados unos dos meses desde la época de más calor (a partir de Noviembre), porque es cuando empiezan a producirse anticuerpos si ha habido infección.  En este caso, si es negativo, podemos estar tranquilos hasta la época de calor porque no hay riesgo de contagio (al no haber flebotomos), y si es positivo, podemos empezar a tratar al animal.

Para el tratamiento de la leishmaniosis canina, los principales fármacos usados actualmente con el antimoniato de meglumina (glucantime), anfotericina B y alopurinol. Con ellos, conseguimos una mejoría clínica temporal, una disminución de títulos de anticuerpos anti-leishmania y la recuperación de la capacidad de respuesta celular por parte del hospedador. Sin embargo, no se produce una cura parasitológica ni la prevención de la recaída y cese de la infectividad para flebotomos vectores.